domingo, 7 de junio de 2026

¿LIBERTAD DE EXPRESIÓN?

 El Eco de la Verdad: Reflexiones sobre el Precio de Nuestra Voz

Por Néstor Troncoso


​Hoy, en México, los calendarios nos marcan el Día de la Libertad de Expresión. Hubo un tiempo, resguardado en la memoria de las viejas costumbres, en que esta fecha se vestía de manteles largos; los periodistas se reunían, las copas chocaban en brindis compartidos con políticos y gobernantes, y la ilusión de un diálogo armónico parecía llenar los salones. 

Sin embargo, al mirar por la ventana de nuestra historia reciente, el paisaje que se dibuja es profundamente distinto y nos invita a una pausa obligada, a un silencio que nos permita escuchar el verdadero latido de nuestra realidad.

​La desafortunada verdad que hoy nos abraza es otra. Despertamos cada día en el lugar más peligroso del mundo para ejercer el periodismo.

 Las cifras no son simples estadísticas en un papel; son nombres, son plumas silenciadas, son ausencias irreparables y agresiones que las organizaciones internacionales han documentado con dolor y que, lamentablemente, están a la vista de todos. Escribir y documentar la realidad se ha convertido en un acto de resistencia que, muchas veces, se ejerce caminando por el filo de la incertidumbre.

​Pero la libertad de expresión no es un feudo exclusivo de quienes empuñamos una libreta o una cámara. Aunque el periodista sea un estudioso y artesano de la información, este derecho fundamental es el oxígeno que respira cualquier sociedad sana. Toca la vida del médico, del estudiante, del abogado y del trabajador. Por ello, no es solo el gremio periodístico quien debe detenerse a pensar en este día; es el alma misma de la sociedad la que está llamada a una reflexión profunda.

​Si miramos nuestro entorno con el corazón abierto y la mente clara, es vital detenernos en una encrucijada y preguntarnos: ¿Cuál es la delgada línea que separa a la libertad de expresión, al periodismo auténtico y a la propaganda oficial? Y, yendo un paso más allá en nuestra introspección: ¿qué es lo que realmente abunda hoy en las calles y pantallas de México?

​Al recorrer este camino, arribo a una conclusión que nace desde la trinchera de mis propios días y replanteo la pregunta fundamental: ¿Existe verdaderamente la libertad de expresión en nuestro país?

​Mi respuesta es corta, pero lleva consigo el peso de los años: Sí existe, ¿pero a qué costo? Y esta afirmación no nace de la teoría, sino de lo que a mí me consta, de la crudeza de la experiencia vivida en campo y de mi propia necedad, casi vital, de seguir ejerciendo mi derecho a nombrar lo que ocurre, buscando siempre arrojar luz en medio de la penumbra.

​La libertad vive, pero respira sostenida por la valentía de quienes se niegan a callar. Por ello, en este día de conmemoración y luto silencioso, dejo en el aire una interrogante, no para ser respondida de inmediato, sino para que encuentre eco en la conciencia de cada uno de nosotros:

​Si la libertad de expresión es el derecho de todos a conocer la verdad, ¿estamos como sociedad dispuestos a arropar y defender a quienes arriesgan todo para contárnosla, o seguiremos siendo espectadores silenciosos del desvanecimiento de nuestra propia voz?

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