FEADLE, el laberinto de espejos donde la justicia se vuelve verdugo.
Por: Néstor Troncoso
En el papel, la Fiscalía Especial para la Atención de Delitos cometidos contra la Libertad de Expresión (FEADLE) nació en 2010 como un faro de esperanza. Su misión era clara: proteger a quienes, con una pluma o una cámara, sostienen el espejo de la realidad frente al poder. Sin embargo, la realidad ha transformado a esta unidad de la FGR en una pesadilla kafkiana. Hoy, acudir a la FEADLE no es buscar justicia; es entrar en un campo de batalla donde el periodista no pelea contra su agresor, sino contra el Estado que juró defenderlo.
La experiencia de litigar en estas oficinas es una tortura burocrática. Los agentes investigadores, lejos de perseguir el delito, parecen entrenados para desestimar pruebas y asfixiar la voluntad de la víctima. Se respira un aire de sospecha sistemática: no se investiga al criminal, se hostiga al comunicador, haciéndolo sentir —en un ejercicio de cinismo puro— que es él quien "fabrica" su propia tragedia.
EL SURREALISMO DE LA "VIDENCIA" PERICIAL
Pero si hay un rincón donde la ineficiencia alcanza niveles insultantes, es en el departamento de peritos en psicología. Mi propia experiencia con un perito —llamémosle Emilio “N”, para evitarle el favor de la fama— ilustra la podredumbre técnica de la institución.
FEADLE: La fábrica de impunidad donde los peritos "videntes" entierran la verdad y torturan a las víctimas.
Imaginen esto: existe un video donde un funcionario público agrede, criminaliza y descalifica a un periodista. La evidencia es nítida, cruda. No obstante, el perito Emilio “N”, dotado de una "clarividencia" que raya en lo ridículo, determinó que no existía agresión alguna y que, además, no había pronóstico de violencia futura. Su bola de cristal falló estrepitosamente: las agresiones sistemáticas continuaron, confirmando que su peritaje no fue ciencia, sino una grosera negligencia.
Este mismo personaje, en un acto que pisotea cualquier código de ética profesional, valoró a ambas partes del conflicto sin declararlo ante las autoridades. Durante la entrevista, su actitud no fue la de un facilitador de salud mental, sino la de un inquisidor egocéntrico. Con una astucia mal intencionada, intentaba desmentir cada relato, buscando el error en el trauma, desestimando el dolor como si fuera un guion mal escrito.
EL ABSURDO COMO MÉTODO DE DESCALIFICACIÓN
Lo más indignante ocurre en la entrega de resultados. Tras aplicar las pruebas que él mismo calificó como "idóneas" para evaluar a la víctima, terminó por descartarlas. ¿El argumento? Que los niveles eran "demasiado altos" y que, por lo tanto, la víctima podría estar mintiendo. Es decir: si el trauma es profundo, no es real; si el dolor es evidente, es una farsa. Es el mundo al revés, donde el perito se descalifica a sí mismo para evitar darle la razón a la justicia.
Este es solo un ejemplo de un solo individuo, pero el síntoma es sistémico. El departamento de periciales de la FGR parece estar plagado de incompetentes e individuos contaminados por intereses ajenos a la verdad.
No es solo ineficiencia; es una estrategia de desgaste. Ver a estos "profesionales" trabajar provoca una indignación que quema. Es doloroso aceptar que, mientras los periodistas mueren o son silenciados en las calles, en las oficinas de la FEADLE se dedican a revictimizar de manera sistemática a quienes tienen la valentía de levantar la voz. No son peritos, son cómplices del silencio por omisión y soberbia. La justicia en México no solo es ciega; en manos de la FEADLE, es también la mano que empuja a la víctima de vuelta al abismo.
MIENTRAS EL CRIMINAL GOLPEADA FUERA EL PERIODISTA, LA FISCALÍA GOLPEA DESDE ADENTRO
"Existe una ironía sangrienta en nuestra labor: el mayor enemigo de un periodista termina siendo quien tiene la obligación legal de investigar a sus agresores. Bajo este sistema perverso, Ricardo Sánchez Pérez del Pozo, titular de la FEADLE, es quien dirige la orquesta de la agresión contra los periodistas, permitiendo que sus peritos y agentes se conviertan en una extensión del ataque inicial. Mientras el criminal golpea afuera, la fiscalía golpea adentro; bajo la batuta de su titular, utilizan la psicología y el derecho como armas de tortura institucional para asegurar que la justicia nunca llegue, transformando la protección en un acto de hostigamiento sistemático."



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