El Rostro Sanguinario que Tamaulipas No Olvida
ELOY FLORES MARTÍNEZ
Actualmente se encuentra en calidad de prófugo de la justicia por diversos delitos, desde el año 2022 existe una orden de aprehensión por delincuencia organizada emitida por un juez de Hermosillo sonora.
En los hechos es uno de los protegidos de el gobernador Américo Villarreal Anaya.
Hoy, Flores Martínez es un fantasma con órdenes de aprehensión vigentes, un prófugo que ha convertido los desfiladeros y las brechas de Hidalgo en su fortaleza personal.
Un rastro de ceniza y plomo
La leyenda negra de Eloy Flores se forjó con fuego en 2010. Bajo el gastado pretexto de una "limpia" contra grupos rivales, encabezó el asalto y la quema de la presidencia municipal de Hidalgo. Aquella tarde, el edificio oficial no fue lo único que ardió; varios agentes de tránsito fueron ejecutados a sangre fría. Fue el anuncio de una era de terror donde la ley se doblegaba ante el capricho del sicario.
Sin embargo, el acto que marcaría su carrera criminal ocurrió el 30 de agosto de 2010. Eran las 16:30 horas cuando el entonces alcalde, Marco Antonio Leal García, conducía su vehículo por una brecha cercana a la carretera México-Laredo. Venía de una reunión con el gobernador; regresaba a casa, a su tierra. No llegó.
Una ráfaga de balas cortó el camino del munícipe. En el ataque, no solo se extinguió la vida del líder ganadero y político; su hija, María Esther, de apenas 10 años, resultó herida, convirtiéndose en el testigo inocente de la brutalidad de Flores Martínez. El crimen fue calificado por el entonces presidente Felipe Calderón como un "atentado cobarde", una herida abierta en el corazón de las instituciones tamaulipecas que, hasta el día de hoy, no ha cerrado.
El ejecutor de las sombras
A diferencia de otros capos que ostentan lujos y armas bañadas en oro, Eloy Flores Martínez se mueve en la periferia de la visibilidad. Sus víctimas lo describen no como un guerrero, sino como un estratega de la emboscada.
> "Nunca ha enfrentado a nadie de frente. Su método es la traición, el disparo desde la camioneta gris, el ataque en superioridad numérica", relatan voces desde el anonimato en los ejidos.
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Así ocurrió con Armando "N", un habitante del ejido Hidalgo que cometió el "error" de viajar en una retroexcavadora prestada por el municipio. Flores, acompañado por sujetos apodados "El Pepino" y "El Cañis", abrió fuego desde la seguridad de un vehículo en movimiento. Armando no tuvo oportunidad; murió al instante bajo el peso del plomo y la deslealtad.
El asedio a Buenavista
La ambición de Flores Martínez no se detiene en la eliminación física. Junto a Octavio Leal Moncada, ha sido señalado como el arquitecto del asedio al Ejido Buenavista. Allí, el terror no fue una ráfaga pasajera, sino un secuestro colectivo. Mediante amenazas y asesinatos selectivos, obligaron a familias enteras a abandonar sus tierras, sus historias y su patrimonio, dejando tras de sí pueblos fantasma custodiados por el miedo.
Actualmente, el hombre "más sanguinario de la Columna Armada" sigue oculto. Se dice que se refugia en los pliegues de la sierra, moviéndose entre escondites tácticos, lejos de las cámaras que tanto evita. Pero mientras él permanezca en las sombras, la justicia en Tamaulipas seguirá teniendo una cuenta pendiente con los muertos de Hidalgo y la paz de sus ejidos.

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