El Dueño de las Sombras: El Ascenso de la Columna Armada
Un Estado dentro del Estado
Lo que comenzó como una supuesta protección comunitaria se convirtió en un poder absoluto. La organización de Leal Moncada, conocida como la Columna Armada, dejó de ser solo un grupo de vigilancia para transformarse en el verdadero gobierno de facto en varios municipios.
En estas tierras, la democracia es una fachada: se dice que los empleados municipales no responden a los alcaldes, sino directamente a las órdenes de Leal Moncada y de su hija, Nohemí Estrella Leal. Ella misma personifica esta unión entre el crimen y la ley, habiendo ocupado un asiento como diputada local, convirtiéndose en el brazo político que legitima las acciones del grupo.
El Camaleón Político: Aliados en todo el espectro
La verdadera astucia de Leal Moncada reside en su falta de ideología fija; su única bandera es el control. Como un camaleón, ha sabido cambiar de color político según le convenga:
- El ciclo del PAN (2016): Durante la campaña de Francisco Javier García Cabeza de Vaca, la Columna volcó su estructura para apoyarlo, celebrando mítines y actos conjuntos que quedaron grabados en la memoria pública.
- El giro hacia Morena (2021-2022): Con la llegada de Américo Villarreal Anaya, el grupo cambió de bando estratégicamente. Los resultados fueron contundentes: en su zona de influencia, Villarreal obtuvo un aplastante 87% de los votos.
Un Poder por encima de la Ley
Bajo el gobierno actual presidido por Américo y lla real Anaya, la influencia de Leal Moncada ha alcanzado niveles sin precedentes. No se trata solo de apoyo electoral; se trata de un control operativo total. Hoy en día, se afirma que sus hilos mueven a las policías locales, a la Guardia Estatal y a la propia Fiscalía General de Justicia. Incluso el Poder Judicial parece detenerse ante él.
Esta protección política ha levantado un muro de impunidad. Mientras las autoridades de Estados Unidos lo clasifican como parte de un grupo narcoterrorista y reclaman su captura por delincuencia organizada, en su tierra, las órdenes de aprehensión se quedan guardadas en un cajón. Su historia es, en última instancia, el recordatorio de los hilos invisibles y sangrientos que entretejen el crimen y la política en México, donde el poder no se gana solo en las urnas, sino en el control absoluto del territorio.
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